Quizás una de las situaciones más desgastantes que puede derivar en llegar a causar un estrés poco usual en una familia, sea cuando se cuida o se atiende a un niño enfermo, porque si cuidar a una persona enferma es doloroso, ver el sufrimiento en un niño es particularmente perturbador y puede desencadenar en las personas que cuidan a un pequeño, verdaderas situaciones de preocupación, ansiedad, culpa, ira y resentimiento. Esta condición resultante de un conflicto de emociones principalmente es debida a que en nuestra cultura y educación occidental nunca somos preparados para enfrentar situaciones de dolor y sensibilidad ante la enfermedad y la muerte
Cuando un bebe tiene su arribo a este mundo, se presenta uno de los fenómenos más maravillosos de la vida, que es la “Impronta”, que biológicamente significa el establecimiento de un fuerte lazo psicológico entre los padres y él hijo, en un evento que comienza a desarrollarse en las primeras horas y los días posteriores al nacimiento. Este vinculo esta condicionado por las propias experiencias de los padres durante su infancia, así como por su actitud social y cultural hacia la crianza de un niño, igualmente influyen mucho el deseo y la disposición psicológica ante el hecho de tener un hijo deseado. Esta relación tan especial asegura que el niño reciba suficiente apoyo y energía positiva de sus padres para su desarrollo físico y emocional.
Cuando un recién nacido esta enfermo o es prematuro, y debe permanecer hospitalizado o en una unidad de cuidados intensivos, los padres necesariamente deben separase del bebe durante varios días o a veces semanas, y esta situación bloquea el proceso de vinculación entre ellos y su hijo, por lo que cuando llega a suceder esta situación, y si los procedimientos de manejo intrahospitalario lo permiten, el bebe debería ser visitado por sus padres o familiares cercanos lo mas frecuentemente posible, procurando de ser posible (con las medidas de limpieza pertinentes), acariciarlo, tocarlo o hablarle en forma cariñosa, tanto como su estado de salud lo permita, es más, el vinculo al que nos referimos se estrecha de manera mas sólida si los padres pueden alimentar, bañar y cambiar de pañal a su bebe, y mejor aún si la madre lo puede amamantar, aún cuando el pequeño deba ser alimentado al principio a través de una sonda. Siempre será totalmente recomendable que el médico se reúna con los padres para que les hable de la situación, del estado de salud del bebe, de los posibles tratamientos y sobre todo del probable pronóstico para el enfermito.
Si por desgracia el recién nacido llegara a morir, si no es atendida la situación emocional de los padres, el desenlace puede ser por demás dramático, pues la sensación de culpabilidad y depresión profunda y prolongada es muy común en aquellos padres que no tuvieron la oportunidad de estar cerca de su pequeño mientras estuvo enfermo, porque fundamentalmente les cuesta trabajo asumir con responsabilidad la muerte de su hijo en esas condiciones y no encuentran en consecuencia, el desahogo natural en estos casos, a tal grado es cierto, que en muchos ocasiones a veces es preferible y más recomendable que si no pudieron tener al bebe entre sus brazos mientras tuvo vida puedan tenerlo así cuando ya ha muerto, porque de esta forma, aún cuando la experiencia sea por demás dolorosa, les permite soportar y asimilar mejor el impacto de una situación tan desafortunada. Quienes pierden a un hijo deben recibir una atención especial por parte del médico, pemitiéndoles tener acceso a todo tipo de explicaciones respecto a la enfermedad y los cuidados que recibió antes de fallecer, aún cuando su actitud pudiera parecer agresiva o descontrolada, pues el estado psicológico en esos momentos es abrumador y exagerado y en la gran mayoría de los casos, solo de esta manera se puede ser superado.
Normalmente es difícil pensar en que esto nos pueda suceder a nosotros, pero siempre será razonable hacer de vez en cuando una breve reflexión al respecto.
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